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Crescencio Torés – Escritor y crítico taurino “A Pedro Escacena Barea”

Escrito     May 21, 2011   Blog | 0 comentarios

Aunque por repetida que sea la frase atribuida a Juan Belmonte: “Se torea como se es”, y se canta y se pinta y se baila. Esta frase no deja de ser definitoria y aclara con sencillez como es y existe ese ‘alo’ que algunos artistas poseen y dejan a su paso que impregna a los que de alguna manera han tenido la suerte de compartir vivencias con ellos.

Fue en 1992 en el primer ciclo de “Encuentros con la Tauromaquia” que organicé y dirigí durante ocho años en el centenario Círculo Mercantil de la ciudad de la Línea de la Concepción, donde por primera vez el maestro sevillano de la pintura taurina al que hoy recuerdo y saludo, nos deleitaría con la cuidada selección de obras expuestas en aquella ocasión. Sería después, en 1996 en las XI Jornadas Taurinas de la ciudad de Algeciras, que también fundé y puse en marcha en 1995 cuando no desperdicié la nueva ocasión de contar con tan destacado artista. Decidí invitarle por segunda vez, confieso que me atraía la frescura de su pintura.

Él, desde Tomares, su feudo y por teléfono – ya éramos amigos- atendió mi llamada con la sencillez de las buenas gentes del ‘toro’ En esta como en la anterior ocasión fue después de una amena charla, cortita, ‘faena de muletita baja’ como las de, ‘Curro, el de Camas’, su amigo del alma y de juventud de aquellas correrías y aventuras que hacían juntos y que él tantas veces me había narrado de cuando ambos, inventando entonces el toreo, volaban con sus sueños por la todavía intocable catedral del Baratillo.

Siempre he pensado que ¿Cómo se puede pintar también un muletazo a un toro entregado, si el que lo plasma en el cuadro no lo ha sentido, o no lo ha dado?

Retener y recrear en un lienzo ese instante donde el tiempo se detiene, donde la majestad del temple se palpa junto al remate de la gracia sevillana de una ‘trincherilla’. Si la seriedad y el abigarrado del conjunto de una tarde de toros fluye del artista que lo realiza antes él no se ha sentido torero y eje de esa geometría eterna del toreo donde se encuentran y revelan misteriosamente, el’ arte’, la ‘gracia’ y el’ valor’, las “Tres Gracias” del toreo que atesora y práctica mi viejo amigo, el ‘maestro’ sevillano de Tomares.

Luces, colores, toros bravos y toreros en trance él los reinventa y los deja escapar como si se tratara de un ruedo maestrante. Estoy seguro, que muchas veces sin que nadie a él lo vea, discretamente, tomando su pincel más largo en la mano derecha y la refulgente ‘paleta’ de fuertes ocres llena de brillante albero en la zocata, se dejará llevar por su verdadera pasión, ¡El toreo!, y dibujará en la soledad de su estudio ese muletazo de mano baja, metiendo los riñones, con la barbilla clavada en el pecho arrastrando lento, muy lento su inventada muleta. Y hasta se oirá suave él tenue y sacrosanto murmullo de un lejano ¡oooole!

Pero este pintor sevillano que se recrea en sus toreros y en sus toros bravos, estaría incompleto si no desveláramos en justicia su otra mitad ¡Aurora!, su musa, su esposa, ¡su todo! Mujer morena, de ojos negros y profundos que arrebató al artista desde el primer día que se conocieron apoderándose de su corazón. ‘Aurora’ está en su vida, ¡Es su vida! aparece en sus cuadros muchas veces como queriendo el ‘maestro’ mantenerla para él sólo en sus lienzos que no se pierda la belleza de ella en su eterna juventud. Él responde a esta singularidad con gracia, con ‘media verónica’ diciendo: “Es que ella no me deja que pinte a otra”.

‘Aurora’ es su inspiración, un tema reincidente como lo fue, ‘Teresita López’, aquella niña cordobesa casi transparente de ojos tristes y piel morena, la ‘Chiquita Piconera’ la musa que acompaña también en sus cuadros hasta el infinito a Julio Romero de Torres.

Se asoma recatadamente en algunos de los cuadros más conocidos de su esposo sin asumir protagonismo alguno dándole ese contrapunto íntimo y personal a la obra del artista que quiso ser toreo lo fue y lo sigue siendo desde sus cuadros. Este ‘maestro’ sevillano, mi querido amigo, que vive y pinta para el toreo desde Tomares y que por si acaso se me olvida se llama, Pedro Escacena Barea.

Bergamín le dedicó una preciosa frase a, Pedro Romero y a Ronda, que yo ahora, con todo el respeto del mundo al admirado poeta, la remato a mi manera:

“Fue en Sevilla que nacieran para el arte Pedro y Aurora ¡Qué maravilla!

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